Normativas locales en odontología

Consentimiento informado en odontología: cómo cumplir la normativa argentina

Consentimiento informado en odontología: cómo cumplir la normativa argentina

El consentimiento informado en odontología es un proceso de comunicación entre el paciente y el odontólogo que lleva a la firma del documento en el que el paciente autoriza el tratamiento.

En Argentina, además, tiene importancia legal. Así que no es puramente un trámite.

Para un odontólogo o responsable de un consultorio es importante entender bien las reglas y documentar todos los procesos.

Veamos entonces qué implica en la práctica.

¿Qué es el consentimiento informado en odontología?

En Argentina, la Ley 26.529 define el consentimiento informado como la decisión voluntaria y consciente del paciente en recibir un procedimiento odontológico una vez que ha recibido información suficiente, clara y adecuada de parte del profesional.

Esa información debe contemplar, entre otros aspectos:

  • el estado de salud del paciente;
  • el procedimiento que se propone y sus objetivos;
  • los beneficios esperados;
  • los riesgos, molestias y efectos adversos previsibles;
  • las alternativas disponibles;
  • los riesgos y beneficios de esas alternativas;
  • y las consecuencias previsibles de no realizar el tratamiento.

Principios similares se recogen en el Código Civil y Comercial de la Nación, en su artículo 59, en el que se establece que nadie puede ser sometido a tratamientos o exámenes sin su consentimiento, salvo aquellas excepciones legalmente previstas.

La palabra importante acá es informado.

No se trata únicamente de una firma. El consentimiento supone que el paciente recibió la información necesaria y de forma libre tuvo la posibilidad de decidir.

Por eso, no se limita a “hacer firmar el consentimiento”. Conviene entender todo el proceso: informar, aclarar dudas, tener la aceptación del paciente y dejar el registro correspondiente.

¿El consentimiento informado es obligatorio en odontología en Argentina?

Como regla general, sí.

El artículo 6 de la Ley 26.529 señala que ninguna práctica profesional en el sector salud (pública o privada) puede realizarse sin el consentimiento previo del paciente, salvo las excepciones previstas por la ley. 

Esto alcanza a la atención odontológica.

Ahora bien, hay una distinción importante que suele generar confusión: que el consentimiento sea necesario no significa que deba documentarse siempre por escrito.

¿Cuándo debe ser por escrito?

Según el artículo 7 de la Ley 26.529, el consentimiento es verbal como principio general, pero debe instrumentarse por escrito y estar debidamente suscripto en determinados casos, entre ellos:

  • internación;
  • intervención quirúrgica;
  • procedimientos diagnósticos invasivos;
  • procedimientos terapéuticos invasivos;
  • procedimientos que impliquen riesgos según la reglamentación;
  • y revocación del consentimiento.

En el caso del consentimiento informado por escrito, la explicación debe ser clara, concreta y en términos que el paciente pueda comprender.

En odontología esto es importante, porque conviven procedimientos muy diferentes.

No es lo mismo un tratamiento sencillo y de bajo riesgo, que la colocación de implantes u otros procedimientos que pueden resultar más invasivos.

¿Qué debería incluir un consentimiento informado odontológico?

No hay un consentimiento informado único para todos los tratamientos. De hecho, utilizar el mismo formulario genérico para una extracción, una cirugía de implantes, un tratamiento de ortodoncia y una rehabilitación compleja contradice bastante la lógica del consentimiento informado: el paciente lo que necesita es información que esté relacionada con el procedimiento que se le propone.

Algo que un documento genérico no puede suministrar.

Un consentimiento bien preparado debería permitir identificar al paciente y al profesional, describir el procedimiento y sus objetivos, explicar sus beneficios esperados, detallar los riesgos y efectos adversos previsibles, presentar las alternativas razonables y explicar qué puede suceder si el paciente decide no realizar el tratamiento.

También debería dejar espacio para las particularidades del caso o para cualquier observación.

La información, además, tiene que ser comprensible.

Un consentimiento lleno de jerga técnica, no cumple a cabalidad con la función de informar al paciente de forma clara y precisa, algo que la reglamentación argentina exige.

Pensalo así: el objetivo no es demostrar cuánto sabe el odontólogo. Es permitir que el paciente entienda lo que se le va a hacer y pueda tomar decisiones libres e informadas.

Es fundamental que este documento se integre en la historia clínica digital del paciente, garantizando un adecuado registro de consentimiento informado y manteniendo la confidencialidad de datos del paciente. 

En este punto, herramientas como un software de gestión dental integral como Dentalink pueden simplificar enormemente este proceso.

Firmar un formulario no es lo mismo que estar informado

Este es probablemente el error más importante.

Podés tener un documento firmado y, aun así, haber llevado adelante mal el proceso de consentimiento.

¿Por qué?

Porque la firma documenta una decisión, pero la información previa es lo que permite que esa decisión sea verdaderamente informada.

Antes de un procedimiento, el paciente debería poder entender qué problema se identificó, qué tratamiento se recomienda, qué resultado se espera, qué riesgos razonablemente previsibles existen y qué otras opciones tiene.

Y también debería poder hacer preguntas.

Un consentimiento informado cumple mejor su función cuando no se aborda únicamente como una formalidad administrativa que se entrega en recepción sin más; sino cuando pasa a formar parte de la conversación clínica.

En tratamientos complejos, este enfoque es todavía más importante.

¿Qué pasa si el paciente cambia de opinión?

De hecho puede hacerlo.

La Ley 26.529 reconoce expresamente la posibilidad de revocar la decisión de consentir o rechazar un tratamiento. 

El profesional debe respetar esa decisión y, en ese caso, dejar constancia en la historia clínica de que el paciente conoce los riesgos previsibles de su decisión.

Por eso el consentimiento no debería interpretarse como una autorización irrevocable que el odontólogo obtiene al comienzo del tratamiento.

Es una decisión que se produce dentro de un proceso asistencial y que puede modificarse.

Esto también refuerza la necesidad de mantener una historia clínica completa y actualizada. Si querés profundizar en ese punto, podés revisar el artículo sobre historia clínica digital.

Consentimiento informado e historia clínica: por qué deberían estar conectados

En Argentina, esta relación no es solamente una buena práctica organizativa.

La Ley 26.529 establece expresamente que los consentimientos informados forman parte de la historia clínica. 

El consentimiento informado no debería quedar aislado en una carpeta, con el diagnóstico en otra, mientras que el odontograma y las notas sobre la evolución clínica están en otro lugar. 

Lo ideal es que todo esté vinculado.

¿Por qué? La lógica es simple: cuanto más fragmentada está la documentación, más difícil se hace reconstruir con claridad cuál fue el diagnóstico, qué se explicó, que aceptó el paciente y que se hizo después.

¿Cómo funciona el consentimiento informado para pacientes menores de edad?

En este caso conviene prestar especial atención, porque no alcanza con aplicar automáticamente la regla de "firma el padre o la madre".

El Código Civil y Comercial argentino incorpora el principio de la autonomía progresiva. 

La normativa establece lo siguiente:

  • Entre los 13 y los 16 años: Se presume que el adolescente puede decidir de forma autónoma sobre tratamientos que no sean invasivos, que no comprometan su estado de salud y que no conlleven un riesgo grave para su vida o integridad física.
  • Tratamientos invasivos: Cuando se trata de procedimientos que comprometen la salud o que implican un riesgo para la integridad física o la vida, el adolescente debe prestar su consentimiento con la asistencia de sus padres o tutores.
  • A partir de los 16 años: El adolescente es considerado un adulto para las decisiones relativas al cuidado de su propio cuerpo.

Esto exige analizar el procedimiento y la situación específica, y no basarse solamente en la edad del paciente. 

En los tratamientos odontológicos destinados a menores, sobre todo cuando son invasivos o complejos, es sumamente recomendable que el protocolo interno de tu consultorio prevea expresamente cómo actuar frente a estas situaciones. 

Si te interesa profundizar en este tema, puedes leer este artículo sobre consentimiento informado en odontopediatría.

Errores frecuentes en la gestión de consentimientos informados

Muchos problemas no surgen porque la clínica no disponga de consentimientos informados, sino porque los gestiona de manera incorrecta. 

Un error habitual es utilizar un formulario excesivamente genérico, o solicitar la firma sin que quede claro que previamente se ha proporcionado la explicación correspondiente. 

También es frecuente guardar el consentimiento por separado de la historia clínica, no actualizar la documentación cuando el tratamiento cambia de forma sustancial o no registrar cuándo el paciente rechaza o revoca una decisión.

Existe, además, otro problema que no es menor.

Cuando cada profesional utiliza un modelo diferente o los documentos están repartidos entre varias computadoras y carpetas, es más factible que se produzcan inconsistencias y errores.

¿Conviene digitalizar los consentimientos informados?

Sin duda la digitalización puede simplificar mucho el proceso, especialmente cuando el consultorio atiende un volumen importante de pacientes.

Pero digitalizar no significa simplemente convertir un formulario de Word en PDF.

La verdadera ventaja aparece cuando el consentimiento forma parte del flujo clínico: está asociado al paciente correcto, se puede encontrar rápidamente, se integra con la historia clínica y queda disponible junto con el resto de la documentación relevante.

Dentalink, por ejemplo, permite crear plantillas de consentimientos informados y asociarlas posteriormente a cada paciente. 

Si estás evaluando una digitalización más amplia del consultorio, también te puede servir esta guía sobre gestión odontológica y cómo optimizar una clínica dental.

Checklist práctico antes de iniciar un tratamiento

Antes de comenzar un procedimiento que requiera consentimiento, podés revisar estas preguntas:

  1. ¿El paciente recibió una explicación clara de su diagnóstico?
  2. ¿Entiende qué procedimiento se propone y con qué objetivo?
  3. ¿Conoce los beneficios esperados?
  4. ¿Se explicaron los riesgos y efectos adversos previsibles?
  5. ¿Conoce las alternativas razonables?
  6. ¿Entiende las consecuencias de no realizar el tratamiento?
  7. ¿Tuvo oportunidad de preguntar?
  8. ¿El procedimiento requiere consentimiento escrito?
  9. ¿El consentimiento quedó correctamente asociado a la historia clínica?
  10. Si es menor de edad, ¿se evaluaron correctamente su edad, grado de madurez, características del procedimiento y reglas de autonomía progresiva?

Este checklist sirve como punto de partida para detectar dónde puede estar fallando el proceso.

Dentalink: llevá la gestión clínica completa a un solo lugar

El consentimiento informado es importante, pero es solo una parte de toda la información que se maneja en una clínica odontológica.

Agenda, historia clínica, odontograma, periodontograma, documentos clínicos, tratamientos, recetas y seguimientos, todos ellos forman parte de la atención al paciente.

Y si tienes todo por separado, el equipo pierde tiempo y aumenta el riesgo de extravío o desactualización de la información.

Dentalink reúne la gestión clínica en un software dental 100% en la nube, sin necesidad de instalar software y sin contratos o plazos mínimos de uso.

Desde una misma plataforma podés gestionar la historia clínica digital, odontograma y periodontograma, módulo de ortodoncia, consentimientos informados, documentos clínicos personalizables y recetas electrónicas, entre otras funciones.

Además, Dentalink incorpora herramientas de inteligencia artificial para automatizar tareas como el agendamiento de pacientes, el dictado de notas y el análisis de radiografías. 

Si querés entender mejor hasta dónde está llegando esta tecnología, podés leer la guía de Dentalink sobre inteligencia artificial en odontología y su impacto en las clínicas dentales.

Y hay un impacto administrativo que tampoco es menor: Dentalink permite centralizar la agenda y automatizar procesos orientados a reducir las inasistencias.

Solicitá una cotización de Dentalink y conocé cómo funciona la plataforma.

Suscríbete al newsletter

Recibe las últimas tendencias y promociones en odontología directamente en tu correo.

Suscríbete al newsletter

Recibe las últimas tendencias y promociones en odontología directamente en tu correo.